Entender el funcionamiento de la vida de la industria azucarera no es tarea fácil; y en estos tiempos, menos aún. Debería responder a una lógica simple, accesible para todos los tucumanos. No se puede olvidar que la provincia se apoya en esta industria, y cuando esta no funciona repercute en los sitios más inesperados. Debería ser una materia de estudio tanto en la escuela primaria como en la secundaria, para que cuando los niños y adolescentes se hagan adultos no resbalen como los dirigentes de hoy ni se pierdan en los laberintos de sus acaloradas y adineradas discusiones.
Los que vieron la película esta semana y no entienden las actitudes de cada uno de los componentes del negocio azucarero deben estar más desconcertados que los profesores de Arte y de Música cuando recibieron el telegrama de despido en el centro de tratamiento de adictos de Las Moritas. Los azucareros se pelean y son incapaces de ponerse de acuerdo para que todos ganen más plata. En este mundo capitalista vale la pena repetir la frase: los azucareros se pelean y son incapaces de ponerse de acuerdo para que todos ganen más plata. La bolsa de azúcar, que alguna vez se estuvo vendiendo a $ 200, ahora vale $ 120; y todos están al borde de la quiebra. Si esta es la realidad, ¿por qué los sectores no pueden sentarse a la mesa y discutir sanamente para que todos recuperen el negocio? Son incapaces e impotentes ante la necesidad de defender el bien común. La mirada, en vez de estar en el horizonte, se desvía a los costados con el único interés de ponerles el pie a los que están al lado, en la misma lucha. Los intereses comunes en este ámbito parecen ser los individuales (los propios). Es tan desconcertante como que cuando la bolsa se vendía a $ 200 no querían que se meta el Estado y ahora que cuesta $ 120 recurren a él. También llama la atención la capacidad de incrementar la producción que han demostrado los inspectores de la AFIP. Cuando estos ingresaron a un ingenio que tradicionalmente procesaba 6.000 toneladas diarias mágicamente, en muy pocos días, su molienda aumentó a 8.000 toneladas: un 30%. Ergo, ese es el porcentaje de azucares ilegales -negro- que producía, tal cual lo reconoció, irónicamente, un caracterizado industrial. No hay seriedad, no hay interés común y el negocio se desmorona. No pueden ponerse de acuerdo ni para ganar más plata. Los dirigentes privados de esta sociedad les hacen flaco favor a los políticos que manejan la cosa pública, porque ni de ejemplo están sirviendo.
Apuro
Algo huele mal en Tribunales. No sólo llama la atención la falta de excusaciones ante los parentescos que hay en el juzgado de apremios sino también el estallido mediático del fiscal Washington Navarro Dávila. ¿Existe la Municipalidad paralela? Hay una certeza que da el rumor típico de la política y de la coima callejera de que la corrupción no puede ser erradicada. En este caso, el pedido de investigación fue realizado por el municipio cuando al recibir a un empresario de apellido Basualdo constató que había pagado tasas adeudadas, que a cambio tenía recibos truchos y que el dinero nunca ingresó al municipio. A posteriori, el empresario pagó -supuestamente por segunda vez-, para poder ponerse al día en su empresa y en la Municipalidad separaron momentáneamente de sus cargos a dos inspectores, que se presumen involucrados. Ahora esperan la resolución judicial para exonerarlos o no. Sin embargo, la definición de los hechos judiciales se fue por las ramas; y ahora Navarro Dávila está subido al ring contra los funcionarios municipales, y el público no puede saber la verdad sobre actos de corrupción en el municipio. En la falta de celeridad y en el exceso de celo político, el fiscal Navarro Dávila ha salido perdidoso, porque en vez de mostrar su pericia jurídica le han dejado marcas de su historial político. En estas arenas los amayistas -que no recibieron invitaciones para el custodiado casamiento del legislador Guillermo Gassenbauer, que se celebró anoche- se mueven como peces en el agua.
Dólar Hulk
El gobernador, José Alperovich, se divierte con las cuestiones políticas. Venían armando y desarmando su rompecabezas hasta que el dólar fue mudando su cara como el Increíble Hulk, aquella serie televisiva en la que el protagonista aumentaba su corpulencia y se ponía verde cuando algo lo sacaba de las casillas. Los sijosesistas, que no lo sueltan ni a sol ni a sombra confiesan que las cuestiones económicas tienen preocupado al mandatario. Pero esas ocupaciones no le impiden seguir metiendo las narices en cada lugar en el que queda abierta una rendija. Esta semana fue el club San Martín. Alperovich quería que el secretario de Obras Públicas, Oscar Mirkin, comandara la institución. Sin embargo, se impuso en la pulseada el binomio de Guillermo y Jorge Gassenbauer, quien esta semana les robó tiempo a sus múltiples responsabilidades -ministro de Seguridad, jefe de Gabinete, bisbiseador oficial del gobernador- para profundizar el operativo "Salvataje Santo". El dueto Gassenbauer, titiritero de la fracasada gestión de Emilio Luque, impuso la creación de una nueva comisión. Ella se terminaría de definir esta tarde o mañana, según los resultados de la fiesta de casamiento del legislador. Hasta el viernes a la tarde la iban a encabezar el empresario de la construcción Jorge Garber y el "pone-rectores" José Hugo Saab, bajo la mirada del zar del juego tucumano Roberto Sagra. El legislador Guillermo Gassenbauer, Oscar Mirkin y el asesor de la senadora Rojkés de Alperovich Amancio Petray también estarían en la lista. Los amigos de Alperovich están en todas.
El PJ y Lebbos
Alperovich, en lo que va de su gobierno, nunca se conformó con limitarse a la gestión del cargo para el que fue votado. Desde el primer año porfió por estar en cualquier lugar donde hubiera olor a poder. Esa actitud lo ha llevado siempre a confundir lo privado con lo público y lo familiar con lo político. Por eso sorprendió cuando el Partido Justicialista se pronunció en la discusión sobre la designación de la ya popular Sara Alperovich. Las críticas por su designación en el PAMI nada tienen que ver con el Partido Justicialista, son cuestiones personales. La ambición y la obsecuencia confunden a los "sijosesistas", que tampoco pueden diferenciar sus roles.
Esta cuestión que aturde al alperovichismo -y especialmente a la esposa del mandatario, y senadora- ocupa la atención del gobierno al igual que el caso Lebbos. La desaparición de Paulina es algo que se va escapando del control y de la mirada alperovichista; y cada vez toma más presencia en el ámbito nacional, donde el Gobierno cristinista insistió con una recompensa de $ 100.000 a quienes ayuden a encontrar al culpable del encriptado asesinato.
La ecuación que reina en estos tiempos es que la mayoría (el 51%) es igual al 100%; y, al mismo tiempo, que la minoría (un 49%) es equivalente al 0%. Si usted, lector, se ubica en cualquiera de esas variables sin dudas no puede dejar de compartir que se trata de una falacia. En ella se viene viviendo desde hace tiempo. El oficialismo se subió a ese tren y convenció a la oposición de que es así. Por eso la otra preocupación de Alperovich es seguir contribuyendo a que los opositores sean cada vez más y estén cada vez más desunidos. A los referentes de la oposición esa música los hace sentir poderosos, y se autoconvencen de que representan el 0%. Por eso a la hora de pensar en los comicios ya están conformes antes de ir a las urnas. A veces, entender las contradicciones y las locuras de la industria azucarera es más fácil que comprender los mezquinos movimientos de los dirigentes de la oposición.